¿Y tú de quién eres?
Nadie que sea luminoso, cristalino y feliz puede ser un buen escritor. Hace falta tener cierta oscuridad en la mirada, estar plagado de dobleces y contradicciones...
En mi pueblo no eres nadie si no tienes un mote, un apodo, un alias. Yo me he tirado toda la vida sin ser alguien, en parte (aunque no exclusivamente), por no haber tenido uno. Los mejores son de tercera o incluso de cuarta generación. Chorragorda, tallarines, maquinarias, gusilú…
Hace unos años llegó a mis oídos una historia que podría haberlo cambiado todo. Resulta que mi abuelo tenía el mejor mote de la comarca y en mi familia decidieron silenciarlo.
Son muchas las conversaciones de pueblo que comienzan con la misma frase: ¿y tú de quién eres? Tener un mote facilita la respuesta. Una sola palabra suele ser suficiente para resumirte entero. Puede servir hasta de aviso. Piloto rojo: no te fíes de los genes de este pavo. Sin embargo, cuando no tienes apodo tienes que dar explicaciones largas y aburridas. Mi padre es tal, mi madre es cual, trabajan de esto o de lo otro, vivo en aquella calle… Soporífero. Pero ese era (y sigue siendo) el LinkedIn de las pequeñas villas.
La conversación que…

