En contra de lo que cuentan las barras de los bares, el líquido que más me ha enseñado no es el whisky, sino el agua salada.
El mar me ha enseñado a vivir expectante, incrédulo y alerta. Cualquier marino cándido dará con su barco contra una tormenta, una roca, un pecio pidiendo compañía, abordando o siendo abordado por otra nave. La próxima milla náutica nunca está escrita; solo sabes a ciencia cierta lo que hayas anotado en tu cuaderno de bitácora.
Todo comenzó con los libros. El primer trabajo de mi vida fue en la posada Almirante Benbow, aunque lo dejé para embarcarme en la Hispaniola. Durante aquella aventura aprendí que todos los piratas son unos hijos de puta, un dato de extrema utilidad cuando unos años más tarde tuve que lidiar con algunos de ellos. Tras el fracaso de aquella misión me embarqué en el Pequod, a las órdenes de un capitán que me hizo odiar para siempre eso de trabajar para alguien. Allí trabé amistad con Queequeg, el primero de los muchos amigos de otras razas y re…

