Ver mundo o cerrar bares
Por muy bien que me vaya en el futuro, dudo que me nombren hijo predilecto del pueblo o me inviten a hacer el pregón de las fiestas.
Ayer regresé a mi pueblo. Lo hice después de casi un año y quince países visitados. Aquí sigo. Es una visita temporal. Cuatro días. A mi vuelta al mundo le falta un cierre digno, cruce del Atlántico incluido. Se supone que partiré desde Sevilla rumbo al mar Caribe la semana próxima. Pero ese es otro tema. Mi yo aventurero poco o nada tiene que ver con mi yo escritor. Una cosa es estar por ahí adorando a dioses paganos en templos a los que rara vez llega un europeo y otra muy distinta es querer contarlo. Se me da mejor cerrar bares o escribir historias pequeñas y lamentables que emular o narrar una gran epopeya protagonizada por mí o algún otro extremeño de los que iban por el mundo cortando cabezas o follándose indias.
El caso es que ayer, después de comer una fideuá con mis amigos Carlos y Cris, salimos a dar un paseo por la villa. Poco ha evolucionado Castuera durante todos estos meses. Solo he visto tres carteles de información turística nuevos y un par de baches que han crecido. No…

