Una falsa carta de amor
Un relato.
El padre de mi amigo Lolo solía llegar a casa con los bolsillos llenos de papeles garabateados por desconocidos.
Las listas de la compra eran la debilidad de Juanma. Tampoco le hacía ascos a un “he golpeado tu coche, llama a este número y lo arreglamos con el seguro” o ese clásico de los pueblos pequeños: “hoy no dejes pan”.
Luisa, su mujer, se agarraba unos cabreos monumentales ante el afán coleccionista del marido. Este hombre solo me trae papeles, disgustos y borracheras.
El enfado más violento que se vivió en aquella casa fue cuando Luisa mandó a Juanma a comprar y este confundió la lista que le había dado su mujer con una que llevaba en el bolsillo. Se va a comer tu puta madre los tres kilos de pomelos que has traído, cabrón, gritaba la buena señora mientras se ponía el abrigo para ir a la tienda y resolver el entuerto.
Juanma murió por la llegada de los teléfonos inteligentes. No supo gestionar que ya casi no usemos bolígrafo y papel. Tampoco le apetecía vivir en un mundo intangible…

