Tres lugares en los que fingir no sirve de nada
No hagas el idiota, venga.
Siento una extraña atracción por los lugares en los que fingir no sirve de nada. Esta mañana he pensado en tres, aunque podría añadir un buen puñado más.
Uno. La cocina.
Mucha gente cree que sabe cocinar porque alguien les medio enseñó a hacer guacamole. Te lo dicen así: “yo hago un guacamole riquísimo”, como si merecieran una puta estrella Michelin. Lo gracioso no es que hagan puré de aguacate con cosas, sino que crean que los demás nos creemos que saben cocinar.
Pasa lo mismo con los que dicen hacer unos espaguetis a la boloñesa riquísimos. Tuve un compañero que la consideraba su receta estrella, cuando en realidad eran unos tallarines chuscos con carne picada seca y un brik de tomate frito marca Día.
Hay que sospechar de la gente que dice hacer cosas “no ricas, sino riquísimas” y tiende a añadir diminutivos a todos los ingredientes cuando te cuentan cómo (supuestamente) elaboraron algo: tomatito, pimientito, chuletita, caldito… A casi todos esos, con la mesa puesta, se les acabó la nie…

