Tierna infancia de un TJ
La muerte de mi madre y que Dios se cargase a Piecito fueron las dos primeras fisuras en mi fe.
Ayer Neptuniana me preguntó cómo eran mis amigos imaginarios cuando era niño.
Mi respuesta fue tan automática que llegó a preocuparme: Jesús.
Sí, Jesús. El nazareno. El que convertía el agua en vino, multiplicaba espetos y montaditos, mataba higueras porque le daban ramalazos o expulsaba demonios. El mismo al que los romanos enmarcaron en una cruz, creando sin saberlo el logotipo más potente y visual de la historia.
No es broma. De niño yo creía en Jesús y hablaba con él.
Hola, Jesús, soy Dani, el de la Josefa. Hoy he hecho trampas jugando al Monopoly, ¿me perdonas? Ah, y ayer miré unas tetas, grandes, enormes. Me toqué. Anótame eso también. Y dile a tu padre que es un escultor de la hostia. Vaya manitas tiene.
Por suerte, y gracias a los libros, la tele y el cine, llegaron a mi imaginario Sherlock Holmes, María Teresa Campos, Darth Vader y el Dr. Ian Malcolm, posiblemente el personaje más carismático de todo el universo Jurassic Park.
Pasé por mi época obsesiva con los dinosaurios, por sup…

