«Te estás ganando una novela», le dije hace poco a uno de mis mejores amigos mientras cenábamos. Fue una amenaza cariñosa, fruto de mi fascinación ante los giros de su vida amorosa. Vi el miedo en sus ojos. Mira que este cabrón lo escribe. Pero no.
El sacrificio que requiere la literatura está a la altura de muy pocos, por mucho que ahora todo el mundo pueda publicar libros y newsletters. Hay que ser gilipollas para tratar de vivir de algo tan sacrificado cuando podrías presentarte a unas oposiciones (que también son un horror, pero menos).
Y encima hay demasiado motivado creyendo que el mundo sería un lugar mejor si su vida fuera novelada. Cada vez que alguien dice a un escritor aquello de esto tienes que contarlo o mi vida no da para libro, sino para enciclopedia, un Boeing 747 se lleva por delante a diez mil mariposas monarcas.
Por mucho que hayas sufrido, por muy putas que las hayas pasado, por muy injusta que te parezca la vida, lo que necesitas es un psicólogo y gente que te quiera…

