Te estás ganando una novela
El día que tenga mi propio bar, pondré un cartel informativo con la siguiente advertencia: todo lo que cuente en esta barra podrá aparecer en una novela.
Te estás ganando una novela, le dije hace poco a uno de mis mejores amigos mientras cenábamos. Fue una amenaza amable. Cariñosa. Casi admirativa. Fruto de mi fascinación ante los giros de su vida amorosa.
Vi el miedo en sus ojos. Mira que este cabrón lo escribe. Pero no.
Cuando mis amigos —los de verdad— me cuentan intimidades dignas de un relato, soy una tumba. Lo hago por lealtad, punto. Pero si son otras las personas que me cuentan su vida, me lo pienso.
Las mentes de los escritores tienen fácil la entrada, pero difícil la salida.
Hay que saber elegir. Escribir bien cuesta un huevo: horas y horas de soledad, manuscritos lamentables que requieren ibuprofeno y Fortasec tras la lectura, pérdida de pelo por romperte los cuernos tratando de encontrar la mejor frase…
Contar historias es un sindiós. El sacrificio que requiere está a la altura de muy pocos, por mucho que ahora todo el mundo pretenda escribir libros, guiones o newsletters. Hay que ser gilipollas para tratar de vivir de algo tan …

