Gente que no es para todos los días
Una amiga lee Cartas a un joven poeta cuando el mundo más importante —el suyo— parece irse a la mierda. Irán, uh, ah, vaya tela, chungo. Puto Trump, sí, al madero con él. A tope con la paz. Libertad, libertad. Viva la revolución. Del barco de Chanquete no nos moverán. Todo guay con los derechos humanos.
Pero a ella, como nos pasa a todos, lo que cuentan los periódicos nos importa tres cojones si el misil de la soledad, el abandono o la pérdida ha dejado cráter, heridita y esqueletos de novio o dinosaurio en nuestro corazón.
Rilke hubiera sido un buen escritor de azucarillos. Sé paciente con todo aquello que esté sin resolver en tu corazón e intenta amar las preguntas en sí mismas. Si estás flojo de ánimos, toda esa vaina rica entra con la misma facilidad que una temporada completa de Emily en París o Los Bridgerton.
No me da ningún apuro reconocer que, de vez en cuando, me encanta ponerme frente a ese tubo de mierda y tragar. Gluglu, gluglú, gluglú. Ser considerado parte de las llamadas …

