Que me hagan batido de mamey el corazón
Wallapop, una cuna, seis cervezas. Un relato.
Yo lo que pido es que mi hija no se deje engañar por Disney y quiera ser la alfombra de Aladdín. No princesa. Ni de las clásicas —ya sabes que Blancanieves, Cenicienta y compañía están agilipolladas— ni de las modernas porque huelen a perroflauta. Alfombra de Aladdín, pero sin cargar con jeques, genios, Ranias de Jordania y toda la tropa de aprovechados que quieren volar gratis. Ella sola. Surcando los cielos. Moviéndose ligera de aquí para allá. Tú tienes pinta de viajado, ¿me equivoco? Tengo ojo para estas cosas. Bueno, eso y que busqué tu nombre en Google. Viene el camarero, ¿otra ronda?
Acepté. A pesar de que le había dicho a mi mujer que regresaría en media hora. Y allí estaba, sentado en una terraza de un bar inmundo con una casi desconocida llamada Nuria mientras su bebé de once meses nos miraba con un juguete en la boca.
¿Quién es Nuria? Una señora de Wallapop a la que el jueves le compré una cuna en buen estado.
La conversación por Wallapop había sido simple:
Hola, Nuria. ¿Aún la tienes? La tengo. ¿Está en buen estado? Como nueva. Dos roces, soy sincera, pero casi no se notan. Me lo quedo si me rebajas un poco el precio. Cincuenta, ni un euro menos.
Acepté. Podría haberlo peleado más; el mercado de segunda mano de artículos de bebés es casi infinito, pero tampoco quería eternizar el proceso de comprar otra cuna para nuestra segunda residencia.
Ya en persona, Nuria y yo cerramos el trámite en menos de dos minutos. No me iba a poner a montar el mueble en medio de la calle, así que di por válido el buen estado de la caja.
Fue ella la que me preguntó, no sé si por curiosidad o por compromiso, si quería tomar algo en una terraza para celebrar el trato. Y yo, que adoro tanto los bares como las situaciones extrañas, no pude resistirme a una cerveza.
¿Padre primerizo? Se te nota. Te brillan los ojos. Seguro que tu criatura se porta bien. Esas ojeras parecen tuyas, ya estaban antes de la llegada del… ¿niño o niña? Niña. Dan más lata, son las listas. Agárrate. ¿Fue buscada? Qué gusto. Yo tengo tres. La primera me vino de rebote, una celebración que se nos fue de las manos. Maldito Real Madrid. En el segundo pusimos más atención. Es importante que los hombres proyectéis vuestra energía cuando eyaculáis. Se nota, vamos que si se nota. Mi Antonio es el más listo, el más guapo y el más simpático gracias a eso. Su padre, que es venezolano y cree mucho en la energía de los ancestros, puso ahí toda su fuerza. Hasta rubio y con los ojos azules me hizo a mi Antonio, y eso que tanto él como yo somos medio negruzcos. Este último me salió peor, es de otro padre. Un medio yonqui que trabaja de gerente en el Popeye’s. Por su culpa acabé de pollos y de hombres hasta los cojones. ¿De pollos y de pollas? Ahora lo pillo, qué gracioso eres. Pero ahora estoy soltera. Hoy me ha venido bien quedar contigo porque tengo a cada niño con su padre. No es fácil; rara vez pasa, siempre tienen alguna excusa para no presentarse. Oye, ¿a tu mujer no le molestará que estés aquí hablando conmigo en una terraza, verdad? Y encima yo hablando de eyaculaciones. Si quieres le mando un audio con tu móvil para que sepa que estamos bien, que no hay nada raro entre nosotros. Estaría bueno, vas a comprar una cuna y acabas liado con la vendedora. Cosas más raras se habrán visto, también te digo. Ay, hijo, qué gusto no tener celos. Yo debo de haber dado con todos los celosos del mundo. He sido muy torpe con los hombres. Me ha costado mucho entender que la felicidad de los hombres suele depender más del poder que del amor.
Mi amiga Karen —cubana, buena doctora, mejor culo y aún mejor persona— tiene la teoría de que voy por la vida persiguiendo “que me hagan batido de mamey el corazón”. No tengo claro lo que es el mamey ese, pero suena a fruta, cosas tropicales y caribeñas. Como una limonada, o uno de esos zumos detox que te tomas para sentirte más limpia. De vez en cuando, claro. Sale más barata la cerveza, y es más divertida. Y digo yo que algo purificará, porque cuando empiezo a mear después de dos Mahous ya no paro. Lo que te decía, que voy persiguiendo el amor de mi vida; el problema es que llevo una docena. Sin contar las canitas al aire, claro, que una será madre de tres, pero también disfruta de darse algún que otro revolcón.
Justo en ese momento, Nuria me contó lo de la alfombra de Aladdín. No es mala teoría. Es uno de los personajes Disney más olvidados. Está claro que, si se lo propusiera, podría tener una vida interesantísima. Al fin y al cabo, una alfombra puede posarse en cualquier sitio y nadie se espanta. Ni siquiera nos sorprenderíamos en exceso si la viéramos volar desde la ventanilla de un avión. Acepté otra ronda con tal de seguir escuchando a Nuria.
Suelo repetir mucho aquello de que el que vive de ilusiones muere de desengaños. O eso creo, porque vete tú a saber. Mis vecinos de arriba discuten mucho, pero luego en Instagram van de pareja feliz. No los sigo, pero los espío con una cuenta secundaria que tengo. Soy un poco cotilla, lo sé, pero es que no lo puedo remediar. Yo creo que él le pone los cuernos. Un fin de semana escuché ruidos de esos, ¿cómo se llaman? «Gulturales», ¿no? ¿Guturales? Si tú lo dices… Gemidos, vaya, ay-ay-ay, um-um-um, «mecorros» y esas cosas. Pero ella estaba fuera de casa, así que o había otra o él ve vídeos cochinos. No tengo nada en contra, eh, allá cada uno. Y ella no es una santa. Hay un tal Dabiz que le comenta con corazones, y no es familia, ya lo he comprobado. ¿Y tú qué? ¿Muchas rupturas? Te habrán dicho que tienes cara de golfo. A mi amiga Karen, la doctora cubana, le encantarías. Suele decir que se le moja la tota con Leiva. No porque le guste el muchacho, sino por lo bien que escribe. Los que manejáis las palabras tenéis un cúter para las bragas. Ellas y ellos, eh. Que tengo otra amiga muy fea, pero que hace poesía abriendo los labios y ya se ha follado a todos sus compañeros del CrossFit. Una poetisa sana y deportista, sí, como lo oyes. Cómo está cambiando el mundo.
Oye, tendrás que irte, que tienes familia.
Y así, Nuria dio por finalizado nuestro encuentro. Pagué yo, por supuesto. Las seis mejores cervezas de esta semana. Barata me ha salido la cuna.


Mañana en mi oficina van a disfrutar con esto!! Me haces del cerebro batido de cualquier cosa con tus relatos
He sentido estar en la mesa de al lado durante esa conversación. Molas mucho, Errántez