En Japón hay pocas papeleras. Son casi objetos de coleccionista. Cada nipón gestiona su propia basura. Os aseguro que no lo ponen fácil. Es habitual que acabes llevando una botella de plástico en la mano o el envoltorio de un dorayaki en el bolsillo durante horas antes de encontrar la próxima papelera. Reciclan bien. Hasta podría decir que reciclan bonito. Ciudadanos ejemplares. No como los salvajes que habitamos Europa.
Pensaba en esto el otro día cuando entendí que en el mundo hay dos clases de personas: las que eliminan todas las fotos de sus ex y las que mantienen su presencia al fondo de su galería o en el pozo de los años menos maduros de Instagram.
Hay rarezas, por supuesto, como el que tacha la cara de su ex en aquella foto tan bonita para utilizarla en Tinder o la que usa bien la herramienta Cortar para ligar con otras personas. Una ex me mandó, cuando empezamos a tontear, una foto de ella en una moto acuática. A mí me gustaba tanto que decidí no preguntar por el brazo atlético…

