Dice Sorrentino en una charla TED que para escribir una buena historia hay que ver muchas películas malas y tener cerca el último ejemplar del Guinness World Records. El resto es ironía, ritmo y permitir que el aburrimiento haga su trabajo. Acierta el napolitano. El exceso de estímulos rara vez trae consigo un hilo digno del que tirar.
Cuando me aburría de niño, solía acudir a mi madre buscando una respuesta para paliar aquel estado. Ella siempre respondía lo mismo: Vete a la ventana y averigua de qué habla la gente.
Así fue como adquirí la costumbre de escuchar conversaciones ajenas. Solía pegar mi oreja a la puerta de la calle o a la persiana de la ventana para intentar cazar alguna frase. No lo sabía, pero ya estaba persiguiendo historias.
En Pilar 44, los domingos tocaba predicar. La mayoría de los que leéis esto no habéis experimentado lo que significa que te vistan de marinero cada fin de semana y te saquen a la calle para tocar puertas frías con una Biblia en la mano. A mí me obli…

