El viernes por la tarde deseé estar muerto. Nada grave. Fue solo un pensamiento fugaz, como quien se plantea hacer crossfit o tomar un chupito de Fireball: se te pasa enseguida. Fue un recordatorio más de lo peligroso que es querer conocer el desenlace de algunas historias. No está el patio para bromear con suicidios, helicópteros y aranceles, así que me acojo a la literatura y a la esperanza de que esto lo lea gente inteligente.
Todo empezó en la barra del restaurante Los Naranjos, un local recomendable si alguna vez pasáis por error cerca de mi pueblo. Después de un año dando vueltas por esos mundos perdidos de Dios, estoy de regreso como un ciudadano no demasiado ilustre de esta villa con un censo de poco más de cinco mil almas. Tomaba algo con mi amigo Carlos y nuestras respectivas —es raro que estemos los dos casados— cuando surgió el tema Gigante, el nuevo disco de Leiva. ¿Te ha gustado? Sí. Ángulo muerto, temazo. Ha vuelto a ganarme. Y la canción con Robe, brutal. ¿Viste lo de L…

