Por qué nos gustan las frases fáciles
Una historia facilona, predecible y sin pretensiones es justo lo que nuestro cerebro necesita en los días raros.
En el subgénero que conforman las películas gastronómicas siempre hay un estresado, un adicto o un muerto.
Chef obsesivo que no puede con la presión por tener una estrella Michelin y peta. Cocinero intuitivo y brillante con tendencia a la harina cara. Señora mayor que deja su recetario a un joven prometedor antes de convertirse en mojama.
No falla. Dudo que haya una sola que se libre del cliché. Es fácil aterrizar en el campo de algodón mullido que te dan la parca o unas taritas.
Llevo años queriendo escribir una novela usando solo clichés, pero no lo logro por mi tendencia a retorcer las historias. Si yo mismo soy capaz de predecir el siguiente párrafo, abandono. La vida es demasiado corta como para escribir de puntillas y usar palabras como resiliencia o “actitú”.
Cuando me cazo tratando de meter alguna frase facilona en un escrito para que el resto la comparta, voy a la biblioteca, agarro el Ulises de Joyce y me lo dejo caer diez veces en el pie.
Moriré en la indigencia, ¿qué se le va a…

