¿Por qué nadie llama “madraza” a mi mujer?
Los papás, haciendo lo mismo (o menos), solemos recibir más pompa que las mamás, a pesar de que vosotras os abrís en canal para generar vida.
Mi hija cumplió ayer un mes. Le hicimos la foto de rigor. Creo que empieza a sospechar que en esta casa se celebra todo. Siempre comiendo rico.
Durante sus cuatro semanas de vida me han llamado padrazo centenares de veces. No voy a negar que mi ego se infla. Me siento poderoso, un semidiós. Algo parecido deben de sentir cada mañana Tom Cruise y El Langui.
Soy consciente de que los bebés suelen estar cómodos conmigo. Si esto fuera el FIFA de los recién nacidos, yo tendría muy buena nota en paciencia y storytelling. Suelo dar paz a Siena, modero bien sus estímulos y por las noches parezco un ninja cambiando pañales. Además, en casa cocino yo y antes del parto dejé listos suficientes táperes como para no tener que preocuparnos en caso de emergencia.
Una conocida que me vio con mi hija dormida en brazos llegó a decirme: “Estás para follarte”. Cuando se enteró de que soy yo quien se encarga de darle cada mañana las gotas de vitamina D, añadió: “Te dejaba seco”.
Y entonces me surgieron algunas preguntas: ¿me convierte esta lista de virtudes en alguien especial? ¿No es esto lo normal? ¿De verdad somos tan cortos los hombres que esto nos parece deslumbrante?
O la duda más inquietante de todas: ¿por qué a mí me han llamado padrazo tantas veces y nadie ha llamado madraza a mi mujer?
No soy quien para resolver conceptos sociales, antropológicos o feministas. Me dedico a contar historias que entretienen. Punto. Pero no por ello puedo obviar el hecho de que los papás, haciendo lo mismo (o menos), solemos recibir más pompa que las mamás, a pesar de que vosotras os abrís en canal para generar vida.
Quizá como sociedad deberíamos darle una vuelta.
Desde mi forma de verlo, un humano útil cocina, compra sano, limpia, mantiene digno el hogar y cuida de los suyos. Si antepones ver una pantalla sin fines pecuniarios a cualquiera de estos puntos, es probable que el inutilómetro marque más de un cero. Supongo que, a partir de un cinco, deberíamos plantearnos si merece la pena que sigas consumiendo recursos naturales. Meh, ojalá fuera tan fácil.
Hablando de fotos, ayer no pude resistirme a hacerle una a mi hija en la que una ballena gigante de peluche se la está tragando, a lo Jonás. El día de mañana le explicaremos que los cetáceos no comen humanos y que Spielberg es un hijo de la gran puta por llenar sus arcas sembrando miedo a esos peces tan incomprendidos llamados tiburones.
Y se lo explicaremos mientras viajamos por el mundo, porque cada vez tengo más claro que la forma de que ella encuentre su camino es moverse: rumbo a Oriente, bajando hacia Ushuaia, durmiendo al raso bajo los cielos de África.
Al final, esto no va de etiquetas grandilocuentes. Ni padrazo ni madraza. Va de estar, de remar en la misma dirección y de no escaquearse cuando toca. Una familia no es un título, es una dinámica: si funciona, si suma, si nadie se queda atrás… entonces sí, puedes llamarlo como quieras.
PD: Dudo que haya dudas, pero me encanta decir que Neptuniana es una madraza.



Querido Dani, las madres no son madrazas porque hacemos lo que nos toca. Los padres dejaréis de ser padrazos cuando hagáis lo que os toca y la peña no se sorprenda.
Otra cosa, las ballenas son cetáceos, mamíferos. Los tiburones, que dependiendo de la especie sí se comen surferos australianos, son peces cartilaginosos.
Por lo demás, vamos bien.
Pues claro que tu querida Neptuniana es una madraza, no lo dudéis los dos. Y … tú sí que eres un padrazo, uno de esos padres del que los hombres deberían tomar ejemplo, sí sí, en serio. Un besazo a los tres 🥰🌸