Los escritores somos la peor calaña del mundo. A nuestro lado, los cantantes resultan simpáticos: llevan años cargando con la fama de los excesos, el sexo y las drogas, pero solo son pobres angelitos que viven de repetir las mismas canciones de concierto en concierto.
En Pilar 44 consideraban que los escritores eran seres oscuros, demoníacos. Algo de razón tenían. La mayoría somos obsesivos, dramáticos y un poco gilipollas.
Si tienes un escritor favorito, jamás acudas a una firma de libros o procura que el contacto sea rápido; corres el riesgo de maldecir aquella tarde en la que hiciste cola bajo la lluvia por un puto garabato.
Voy más allá: nunca tengas amigos escritores. Más pronto que tarde acabarás saliendo en alguno de nuestros relatos o novelas. Somos seres parasitarios. Todo lo que sucede a nuestro alrededor es carne de cuento. Vivimos por y para contar historias. Por eso, solemos ser buenos oyentes y brillantes observadores.
Amplío la advertencia: si estás a tiempo, evita tener un…

