No te juntes con escritores
Nunca tengas amigos escritores. Son seres parasitarios. Más pronto que tarde acabarás saliendo en alguno de sus relatos. Todo lo que sucede a su alrededor es carne de cuento.
Los escritores son la peor calaña del mundo. Tipos y tipas complejos, absurdos, tan recargados de aristas que suelen despertar frecuentes suspicacias. A su lado, los cantantes resultan simpáticos e inocuos; llevan años cargando con la fama de los excesos, el sexo, las drogas y el rock and roll, pero en realidad solo son pobres angelitos que repiten las mismas canciones de concierto en concierto.
Y es que, en esencia, un escritor tan solo es un mentiroso consentido. ¿De verdad puedes confiar en alguien que se dedica profesionalmente a contar mentiras?
En “Pilar 44” (la calle y el número de la casa en la que me crie) nunca hubo demasiados libros, quitando dos o tres biblias y un arsenal absurdo de páginas encuadernadas que trataban de justificar la existencia de Jesús y compañía. Los escritores —salvo los evangelistas, los salmistas, Moisés y unos cuantos “señoros” más (siempre me escamó que no hubiera mujeres)— eran seres oscuros, demoniacos, adictos al sexo y al alcohol, apostatas pa…

