No puedes ser Lola
La mayoría nos juzga por la portada, alguno lee la sinopsis, quien más y quien menos le echa un ojo al primer capítulo y solo una minoría continúa leyendo hasta que lector o leído la palmen.
Acepté en 2º de la ESO —cuando algunos de mis compañeros de clase comenzaban a tener pinta de bigardos— que yo tendría que ser rápido, listo y simpático para prosperar en la vida. Estaba entre las filas de los tirillas y no tenía pinta de que aquello fuera a cambiar mucho. Salgo a la familia de madre.
Con lo de rápido y listo me quedé corto. No pude hacer mucho más. Si uno llega a esta reencarnación escaso de luces, por mucho que te adornes no estás destinado a revolucionar la teoría de cuerdas. Así que mi única esperanza para sobrevivir con cierta dignidad era ser simpático. Eso y caerle bien a los porteros de las discotecas, la única figura de autoridad que sigo respetando. Siento debilidad por ellos. Cuanto más grandes y petados mejor, a ser posible con la mandíbula prominente y rapados como un pomo; y ya si dicen haiga, asín o cocreta se vuelven mi perdición.
Hubo un tiempo en el que algunos porteros me llamaban por mi nombre cuando acudía a sus garitos. Era curioso sentir sus abraz…

