Cuando en 2024 lo dejé todo y me fui a dar la vuelta al mundo, quería conocer gente interesante, capturar momentos con una cámara y atrapar personajes para futuros libros.
Pero había un objetivo más: deseaba que aquel viaje sirviera para rellenar mi depósito de espiritualidad.
Notaba un cable de alta tensión, grueso y rojo como la lava, soltando chispazos dentro del pecho. Mis santas tripas pedían un propósito y algo de paz.
Había vagado durante años por los bares de Madrid buscando el elixir de las noches cortas. Lo encontré. Sabía rico. Pero no lo suficiente como para consumirlo hasta el final de mis días.
Y en 2022, apareció Neptuniana.
No hay que enamorarse de alguien que quiera regalarte su calma, sino de quien te anime a encontrar la tuya.
Ella fue exactamente eso.
Por eso me apoyó cuando decidí probar con el yoga. Estuvo bien. Fiel a mi costumbre, me convertí en un completo obseso. Iba a una o varias clases cada día. Leí cientos de libros sobre el tema. Asistí a conferencias. Me apunt…

