Me he caído cuatro veces de la cama: una borracho, dos dormido y otra follando (maldito I+D+i horizontal). Hace años me hubiera avergonzado contar esto. A día de hoy, a mi ego no le queda suficiente dignidad como para defender el fuerte.
Es sorprendente la cantidad de gente que se ruboriza al contar que se ha caído del catre. Juguemos. Otra confesión: una vez me crucé con mi padre en el coche y me meé encima. Cuando llegué a casa, llamé a la psicóloga y al tapicero. En ese orden.
Nos empeñamos en tapar nuestras vergüenzas, creyendo que vamos a perder el amor o el respeto del resto y que el supuesto precio de mercado que nos otorgamos va a caer en picado.
Pero lo cierto es que nuestros episodios más marrones y neblinosos son los únicos que nos aportan valor.
Es como decir que no te gusta Rosalía.
Mucha gente se apunta al autobús de la cantante solo porque queda mal no estar subido en él. Y Rosalía, que es más empresaria que artista, maneja los hilos del mercadeo con precisión quirúrgica.
Me …

