Antón se está divorciando. Su mujer se fue con otro. Se ha apuntado a un taller literario. En la primera clase le han dicho una casi verdad y una absoluta mentira.
Casi verdad: escribir ayuda a sanar. Si yo soy un humano funcional (más o menos), es gracias a que me arde escribir. Se trata de una necesidad, no de un capricho. Absoluta mentira: escribir te convierte en escritor. Esa frase facilona te la repiten en muchos talleres como el himno de España en los mítines de la extrema derecha. Venga, que tú puedes, campeón. Cumple tu sueño de ser escritora.
Allá tú si quieres que te traten como a un idiota complaciente. Escribir solo te convierte en alguien que escribe. Llegados a este punto, tengo comprobado que aquellos que se molestan solo tienen escritas tres primeras páginas, un puñado de títulos buenísimos que nunca se harán realidad y dos prólogos que justifican una novela inexistente.
Conviene recordar que no hay exotismo alguno en la profesión. Ya no vivimos en esos tiempos en los qu…

