La vida eterna por cuatro ratos
Esto es una sucesión de ratitos, a ser posible agradables y encadenados entre sí, y cuando se fundan los plomos, ya veremos.
En Pilar 44 creían en el Armagedón. No, en la peli de Bruce Willis no; en lo otro: el día del juicio final. Según ellos, alguien por allí arriba tiene una fecha fijada para hacer justicia a su manera sobre los humanos, pobres hormigas fáciles de aplastar. Todo el planeta quedará arrasado; solo sobrevivirá un puñado de elegidos entre los que nosotros —siento comunicártelo— no estamos. Ya te digo yo que si estás leyendo estas líneas tienes más posibilidades de compartir un tirito con Lady Gaga en su backstage de Coachella que de pasar el corte para entrar en ese Nuevo Mundo para jugar con leones, osos y ballenas junto a tus resucitados más frescos. Cuestión de bandos, chico. No se puede estar gozando y en el Salón del Reino, zorra.
El sistema funciona más o menos así: si has sido bueno, abstemio, puro —en caso de ser mujer, más te vale que hayas sido sumisa— y repartes revistas junto a un carrito, vivirás. Si has sido malo, golfo, guarrete, borracho, escuchas a Extremoduro y tienes tatua…

