La obsesión por fabricar una casa excéntrica
Según la IA nos hemos ahorrado entre 12.000 y 18.000 euros en mano de obra. No está mal. Es un buen pellizco. Con esa pasta viajaríamos los tres por el mundo unos meses.
Cuando decidimos comprar una nueva vivienda para que cupiéramos con cierta holgura Neptuniana, Parténope (por aquellos entonces aún no se llamaba Siena) y este patético contador de historias, solo puse una condición: fabricamos una casa, por supuesto, pero esta debe ser excéntrica.
Definamos excéntrica. No hablo de que la casa sea rocambolesca, daltónica o parezca un puticlub de la Nacional V. Tampoco me refiero a que haya habitaciones secretas o un columpio sexual en la habitación de invitados. Esto último lo vi en el piso de un conocido actor español durante una noche larga de aquellos viernes en los que no me apetecía pensar. Él decía que solo era de adorno, pero los tacos que sujetaban el chisme al techo daban para colgar allí un hipopótamo empalmado. Soy muy bueno fijándome en esos detalles y os aseguro que nadie coloca semejante tornillería si no va a hacer un uso intensivo del columpio.
Con excéntrica trato de simplificar el concepto de hogar, pero con capacidad de sorpresa: un p…

