La novela rural soñada
Un relato.
Cuentan que Fausto Rodríguez tuvo una revelación el mismo día que le echaron del trabajo: para escribir su novela rural soñada tendría que irse a vivir a un pueblo de la España vaciada.
El día de la partida —subido al techo de su Seat Altea— prometió a los pocos familiares y amigos que habían ido a despedirse que regresaría con un éxito literario y quince kilos menos.
El discurso fue algo parecido a esto:
—Parto a escribir mi novela rural. Me llamarán el nuevo Delibes. Mis pulmones se limpiarán, diré adiós al asma, ya no necesito este Ventolin —lanzó al aire el inhalador, que fue a parar a los pies de un mendigo—. Adelgazaré gracias a cocinar con las verduras de mi propio huerto. Cuando me crezcan los tomates y ganen confianza las gallinas, puede que no necesite tocar los 1200 euros que me dan de paro. La única excepción serán unos billetes que usaré para sonsacar historias a los vecinos en la tasca más cutre. Con mi carisma y unos chatos estoy convencido de que en unos días confiarán en…

