La nariz de DiCaprio
Una de las mejores lecciones sobre cómo escribir literatura digna me la dio un ligue mientras veíamos como la nariz de DiCaprio esnifaba cocaína sobre las tetas de Margot Robbie en El lobo de Wall Street. Yo también haría de Roomba sobre ti, dije, imitando el ruido de una aspiradora. Tras una sonora carcajada ella soltó un aleluya, por fin me dices algo que no sea cursi, estaba hasta el coño de que hablases del mapa que forman mis lunares.
Ese día comencé a sospechar que escribir va más de traspasar los límites y fumarte un piti —mientras los picoletos de la moral te denuncian—, que de formar frases bonitas.
Está de moda decir que Bukowski era un imbécil y un pedante. Ese halo de poeta maldito parece no gustar a muchos. Quizá sea envidia o ignorancia. Como la señora de Burgos que critica a Kafka o el chaval que ignora al único Quevedo bueno que nos ha dado la historia. Aunque, en honor a la verdad, Bukowski se lo merece; tampoco es que a él le importase mucho caer mejor o peor. Ni siqui…

