Supe que algo raro pasaba cuando Carla me pidió prestada una amoladora.
Todo empezó con un mensaje de WhatsApp a las 23:59 de un miércoles:
—Si tuvieras que cortar una guitarra eléctrica en dos mitades, ¿cómo lo harías?
Soy de esas personas que responden rápido a las preguntas extrañas y luego, «ya si eso», preguntan por el origen de la duda.
—Con un serrucho ya tiraría, pero si quieres un trabajo rápido y limpio, lo mejor es una amoladora —respondí.
—Tú tienes un carro lleno de herramientas, seguro que tienes una de esas. ¿Me la prestas?
Ahí empecé a preocuparme. ¿Por qué una persona que pide ayuda para poner la pegatina de la ITV en el cristal delantero del coche me estaba pidiendo una radial?
Preferí llamarla por teléfono.
Álvaro la había dejado. En realidad, lo había pillado en la cama con su prima Mónica. Con la de Álvaro, no con la de Carla. Muy Lannister todo. La muchacha, tapada con las sábanas del ajuar que la madre de Carla se había empeñado en hacer, trataba de defenderse diciendo …

