El restaurante de IKEA es uno de los lugares más crueles del mundo para romper con alguien. Albóndigas con la banderilla sueca clavada para ti. Ocho unidades si quieres ser breve, doce si prefieres torturar un poco. Codillo asado —casi tan pasado como lo vuestro— para tu futuro ex. Y de beber, relleno gratis de esa mierda rosa de arándanos. Sin postre. Hasta aquí hemos llegado, amor, ¿me acompañas a comprar unas estanterías Billy antes de marcharnos?
IKEA es un catalizador de emociones para mucha gente. No todas buenas, como tratan de hacernos creer en sus anuncios llenos de niños que no juegan al móvil porque prefieren emular a Picasso, solteros con habitaciones limpias, enamorados que parecen siameses, padres que se ríen demasiado mientras sus hijos patean los sofás…
Ayer estuve allí comprando unas copas de vino. Podría haberlas comprado en cualquier tienda sin necesidad de tener que montarme en el coche, pero son baratas y, ya de paso, me doy una vuelta para ver la cara de la gente q…

