Haber leído, haber viajado, haber vivido
Elegir una vida implica perder miles.
7:30 de la mañana. Me la encuentro en mi biblioteca, con una taza de café humeante entre sus uñas de gel. Pocas cosas me provocan más placer que tener amigos en casa y que estos se muevan por ella con absoluta libertad.
—Buenos días, ¿has descansado? —le digo mientras beso su frente.
—Tengo algo de resaca. Pero creo que es emocional, no alcohólica. ¿Siempre escribes aquí?
—Casi siempre. También me gusta expandirme por la casa. Ayer escribí en la bañera y a oscuras.
—Dudo que la bañera sea más incómoda que esta silla.
Elena tiene razón. No me gustan los sillones de despacho mulliditos y con ruedas. Me salen mejor las escenas cuando la silla me escupe y me maltrata.
La mirada de mi amiga vaga, perdida, entre los mil y pico libros que tiene frente a ella.
—¿Sueles comprar libros para no leerlos?
—Por supuesto. Quien te diga que se ha leído su biblioteca entera miente.
—¿Y no te genera ansiedad? Imagina que mueres hoy. O, peor aún, que te aseguran que te vas a morir mañana. ¿No te agobia tener tan…

