Todos los días amanezco con una canción en la cabeza. No tiene por qué ser un clásico, ni siquiera tiene que tratarse de un buen tema.
La canción en cuestión comienza a sonar en mi cabeza nada más abrir los ojos. Suelo cantarla —cuidadosamente desafinada— mientras vacío la vejiga o me lavo la cara. Si me trae algún buen recuerdo, la busco en Spotify. Otras veces lo hago porque sospecho que me estoy inventando la letra.
Extremoduro es el grupo que suena con más frecuencia. Es probable que La vereda de la puerta de atrás sea la más repetida. En particular, tengo fijación con aquella maravillosa frase: «que me entierren con la picha por fuera pa’ que se la coma un ratón».
Neptuniana tiene la firme amenaza de que voy a enseñarle esa estrofa a nuestro hijo o hija cuando sepa decir entre cincuenta y cien palabras. No es que sea yo muy defensor de patrias y lugares de nacimiento, pero no puedo evitar una sonrisilla cuando recuerdo que el grupo de rock más importante de la historia de España nac…

