El ego suave
Demasiada gente (incluida tú misma) intentando lavarte el cerebro.
A veces me planteo publicar una foto desnudo. Pixelando lo justo mi polla para que no me la borren y sin meter barriga. Este soy yo y estas son mis pelotas. Saludad, amores.
Sería todo ventajas: las últimas migajas de dignidad barridas, no más críticas a partir de ese punto y, sobre todo, mi ego quedaría suave, reducido como una buena salsa, encajadas las pérdidas pasadas y futuras.
Solo soy esto: un apéndice borroso en un cuerpo normal, con alguna cicatriz especial fruto de una vieja neumonía. Ya está. Errántez 1 - Ego 0. Pipipi. Fin del partido.
Mi psicóloga, la del pelo de plata, me dijo una vez que había sido mi ego quien me había mantenido a flote durante años. No me esforcé en llevarle la contraria. Un poco porque me gustaba la idea —una especie de cataplasma agradable para los cuatro o cinco sectores de mi mala conciencia que aún siguen activos—. Otro poco porque ya había trabajado lo suficiente mi azotea y amor propio como para saber que uno hace en su vida lo que puede, no lo qu…

