Dime qué grupos de WhatsApp tienes y te diré quién eres
Soy un firme defensor de que nuestros fósiles de grupos de WhatsApp cuentan algunas buenas historias.
Lo reconozcamos o no, el mundo se divide en dos clases de personas: los que se salen de los grupos de WhatsApp que ya no usan y los que se quedan en ellos para siempre, aunque el plan, las amistades o el mundo se hayan terminado.
Yo soy de los segundos. Más por pereza que por nostalgia, debo añadir. Aunque también me quedo en algunos porque me da vergüenza que aparezca una notificación diciendo que Dani Errántez abandonó el grupo. Incluso me atrevo a reconocer que sigo metido en un par de ellos porque me huelo que en el momento en que me salga van a organizar alguna fiesta a la que yo no estaré invitado, a pesar de que la última vez que alguien habló en ellos fue en 2019.
Soy un firme defensor de que nuestros fósiles de grupos de WhatsApp cuentan algunas buenas historias. Hoy he decidido abriros mi teléfono. Aquí tenéis una lista con algunos de esos grupos abandonados que atesoro.
1. Spartan Gays. Estamos metidos en él una chica lesbiana que conocí una noche y otros dos contactos cuyo número no tengo guardado. El grupo lo creamos ya borrachos durante la fiesta del Orgullo Gay de hace unos años. Si la memoria no me falla, adquirimos el compromiso de presentarnos juntos a una de esas carreras de resistencia con barro y cuerdas por las que hay que escalar. Nadie ha hablado jamás por él. Supongo que cuando se nos pasó la resaca todos pensamos lo mismo: ¿Estamos gilipollas? ¿No tenemos nada mejor que hacer que correr llenos de mierda junto a unos desconocidos que probablemente me caen mal?
2. Valencia Secta. Lo mejor de este grupo es que la foto de perfil es la cara risueña y alegre de la mismísima Rita Barberá. En él estamos algunas de mis mejores amigas, incluida Neptuniana. Lo usamos para un fin de semana loco que pasamos en Valencia. La anotación Secta es consecuencia directa de las conversaciones intensas sobre la vida, el amor y el futuro que mantuvimos viajando por Jordania. Alguien creó más tarde otro grupo llamado Fallas y, como la mitad de nosotras ya tenemos hijos, hipotecas y mierdas de esas, ya no filosofamos tanto.
3. Cambridge - Juan III. Otro grupo creado durante una borrachera. Durante un fin de semana, Asier, Gonzalo, Juan y yo recorrimos Cambridge de bar en bar con unos disfraces que alquilamos en una tienda. Ese fue el día en el que me comí la boca con todas las integrantes de una despedida de soltera, incluyendo la novia, la madre, la suegra y un par de tías de la novia con pinta de usar un vasito con agua para guardar su dentadura postiza por las noches. Usamos el grupo para pasarnos las fotos de aquel día. Los cuatro nos queremos mucho, pero ninguno de nosotros se acuerda de que tenemos semejante fósil al fondo de nuestro WhatsApp. Juan iba disfrazado de rey, de ahí lo de III. Lo de reinstaurar el derecho de pernada no fue buen recibido por la mayoría.
4. Tarotéame o toréame. Este grupo es uno de los más raros que atesoro. Inicialmente la idea era que sirviera como punto de encuentro para dos parejas: mi amiga Julia y su novio de aquel entonces, y Neptuniana y yo. El problema es que Julia lo dejó con aquel chico y se salió del grupo. Así que en estos momentos estamos metidos en él mi mujer, un tipo con el que probablemente no volvamos a hablar nunca y yo. ¿Por qué no nos hemos salido? Ni idea. Aunque en mi caso sospecho que lo hago por la curiosidad de si él se marcha antes. En caso de que lo haga y nos deje el grupo solo para nosotros, es probable que lo usemos para mandarnos la lista de la compra.
5. Motín. El primero de los muchos grupos con compañeros de travesía marítima que tengo en mi teléfono. Dos semanas antes de que naciera Motín, todos los integrantes del mismo éramos unos completos desconocidos. Pero el mar une. Después de cruzar el Mediterráneo a vela llegamos a Nápoles siendo más que amigos, casi hermanos. Salimos por el Barrio Español a tomar unas cervezas, pero se nos complicó la noche. Lo habéis averiguado: este grupo también nació durante una borrachera. Empieza a preocuparme tener tantos de estos. Los únicos que faltaron a la fiesta fueron el capitán del barco y su pareja, que se quedaron a descansar y cuidar de la nave. Así fue como empezamos a paladear la idea de regresar al barco, atarlos y largar amarras con unos italianos majísimos que conocimos esa noche para irnos a Grecia. Un motín en toda regla. La idea tuvo poco éxito. El taxi que nos llevó de vuelta hasta la marina en la que estaba nuestro barco tardó más de una hora en llegar. Tiempo suficiente para que la adrenalina y las ganas de cometer un delito se evaporasen. Supongo que creé el grupo para que la operación fuera milimétrica. Solo hay una foto en él. En ella salimos todos los rebeldes con cara de malvados justo enfrente del escaparate de una tienda de cuchillos.
6. Esto es una mierda. Durante cuatro días, y como buenos padres primerizos, nos preocupó el color de algunas cacas de Siena. Neptuniana creó un grupo en el que solo salen fotos de pañales usados. Cuando se lo enseñamos al pediatra, este miró a la niña con cara de: Hija, no sabes dónde has caído. Juro que miró a la enfermera e hizo el gesto típico que acompaña a un tururúru.
7. Comunidad de propietarios Matilde Landa 22. Llevo más de una década sin vivir en ese piso. Ni siquiera es mío, pero ahí sigo. Es el único grupo activo de la lista. Lo tengo en archivados. Solo acudo a él cuando tengo un mal día y necesito reírme. Me encanta leer cómo los vecinos actuales discuten. Hay un vecino en particular, un tal Alfredo, que pone cada semana mensajes parecidos a estos: «¿Quién es el imbécil que se ha dejado la puerta del garaje abierta?», «Olé, olé y olé por el subnormal que haya dejado una bolsa de basura maloliente en la entrada del portal», «Vecinos del quinto, basta ya de poner rancheras a toda hostia los sábados por la mañana, un poco de dignidad», «O denunciamos al que no paga o le quemamos el coche». Entendéis que no me vaya, ¿verdad?
8. Los Naranjos SL. Historia dramática. Como muchos sabéis, mi familia forma parte de los Testaferros de Jehovivi (se ha cambiado el nombre a algunas sectas), lo que les obliga a no mantener relación conmigo, por apóstata e inteligente. Hace muchos años, cuando aún teníamos relación, usábamos ese grupo para ir a cenar juntos a un restaurante de mi pueblo con ese nombre. Al marcharme de la secta, todos se salieron. Solo quedamos en el grupo mi único primo no Testaferro y yo. La pena es que tampoco tenemos demasiada relación. Todo aquello que pasó nos distanció y hasta mi psicóloga me hizo entender que necesitaba generar espacio. Recuperar mi sintonía con él está pendiente. Espero lograrlo algún día.
9. Trío. Dos chicas y yo en el grupo. ¿Necesitáis más referencias?
10. Jack cabía en la tabla HDP. Un grupo de WhatsApp sobre cine. Sonaba bien. Originalmente era un grupo de gente muy interesante con la que solía quedar para ver películas y comentarlas. Una especie de club. Todo iba bien hasta que uno de los miembros propuso ver Vengadores, Iron Man o alguna de esas. No es cine, dijo uno. Las películas de superhéroes incitan al fascismo, dijo otra antes de marcharse. Yo creo que deberíamos darle una oportunidad y salir un poco de Gus Van Sant y Jean-Luc Godard, comentó alguien con afán salomónico. Tú te callas, que vas de que te gusta La La Land, pero tienes cara de ver las de Pajares y Esteso, respondieron. El último mensaje que aparece es: Woody Allen me come los huevos. Nadie ha vuelto a escribir desde enero de 2022.
El ser humano es fascinante. Dentro de unos años, cuando Siena comience a ir al colegio y me metan en uno de esos grupos satánicos de padres y madres me lo voy a pasar de escándalo.
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