Desórdenes, contradicciones y otros supuestos lujos
Nada que demostrar es ahora Todo en desorden. He dicho.
Iba a decirte que es posible que hayas notado que esta newsletter ha dejado de llamarse Nada que demostrar y ahora se titula Todo en desorden; pero lo más probable es que tu vida haya seguido transcurriendo sucia, con grumos y sin recuerdo alguno de mí.
Me hago cargo. Una newsletter y un pódcast solo tienen sentido cuando te regalan alguna frase que te acaricia, te hace pensar, te sirve de ayuda para llamar la atención o lanzar alguna pulla a alguno de tus seguidores. Eso, o para parecer más interesante, reflexiva, gracioso, brillante… Resumiendo: para follar con alguien o para masturbar a tu ego, como casi todo lo que hacemos en esta vida.
El resto del tiempo —un noventa y nueve coma muchos, muchísimos, casi infinitos, nueves—, ningún creador es tan importante. Ni siquiera Dios, Sorrentino o La mala de la película.
Lo sé. Cambio un Nada por un Todo. Es posible que lo próximo sea un Nunca o un Siempre. Ya veremos. No sé si soy un as del marketing o mi familia acertó dejando de hablarme.
E…

