Como una ola sonará en mi funeral
Esa va a ser mi última aportación a sus vidas. La traca final. A partir de ese momento todo serán recuerdos.
Cuando la muerte me aterra trato de consolarme pensando en la canción que quiero que pongan el día de mi funeral. La decisión está clarísima: Como una ola, de mi admiradísima Rocío Jurado (podéis revisar mi Spotify para comprobarlo). A ser posible a todo volumen, por favor. Que moleste a los que tratan a la parca con más formalidad que miedo. Coreadla, reíd y brindad; ya sabéis el final. No habrá segunda temporada.
¿A qué viene esto? Comencemos desde el principio.
Desde hace un par de años pienso a menudo en la muerte, el dolor y la vulnerabilidad. Sigue aterrándome dejar de estar y cuando una situación se encarga de recordarme que no soy nada, me sudan las manos, mi pierna derecha tiembla como la pata de Bambi y una cascada de imágenes feas impactan en cadena dentro de mi garganta.
Suele sucederme cuando vuelo. Sí, odio volar. Lo sé, no deja de ser absurdo que un tipo que está dando una vuelta por el mundo sufra cuando monta en el medio de transporte que más millas le permite recorrer…

