Cómo hacer un buen sofrito (y tener una vida interesante)
Querida hija, si alguien no valora tus sofritos, tampoco merece tus amaneceres.
El mejor consejo que puedo dar a mi hija es este: aprende pronto a hacer un buen sofrito.
Hasta donde yo sé (y con mínimas excepciones), existe una norma que relaciona gastronomía y sociología: la gente interesante disfruta de comer rico.
Pretender una casa llena de personas apasionantes sin saber hacer un buen sofrito es como querer contar buenas historias sin salir al mundo para que te pasen cosas. Un sofrito fabricado con cariño y sin prisa es la base de una buena comida, pero también es la piedra angular de las sobremesas largas. Tener lo uno sin lo otro roza lo imposible.
Si tienes una vida gris, es bastante probable que se deba a que no sabes hacer buenos sofritos o, peor aún, a que ni siquiera sabes valorarlos.
Esto me da pie a otro punto tan o más importante: hay que cuidar de la familia y los amigos que cocinan bien. No hay nada más fácil que hacer feliz a esa persona que se ha tirado dos, cinco o diez horas en la cocina: sé siempre agradecida y cómetelo todo.
Una señal inequívoca…

