Cuando Vetusta Morla lanzó su primer disco, Un día en el mundo, decidí convertir en tradición dedicar la noche del primer viernes tras el estreno a escuchar con atención cada una de las nuevas canciones. A ser posible con el disco de vinilo entre mis manos (Spotify no posee la misma magia) y regado por un whisky caro, un Macallan o un buen japonés. Así empezó este atlas geográfico y musical.
Estrené Mapas en Roma. En Italia los hoteles de cuatro estrellas cuestan como si tuvieran cinco y lucen como uno de tres. Aquella vez tuve suerte: fue un alojamiento fantástico. Cada vez que regreso a la ciudad eterna suena Maldita dulzura. Allí también sonó el rumor de mi primer amor, una de esas historias desastrosas cuyo comienzo y final repetiría tantas veces como naciera.
Mi unidad de La Deriva se estrenó a 33 r. p. m. en Badajoz, una ciudad que me trató muy bien al principio, pero terminó luciendo pequeña y aburrida al final. Me había acomodado, casi domesticado, y dos de cada tres mañanas no …

