Hace unos meses me vi obligado a bajar a una amiga a segunda. Un Atleti en el 2000. Sin manuscritos. Con la elegancia que solo puede aportar el silencio. Te sigo queriendo, pero me importas menos. Ojalá algún día. O quizá no. Ya veremos. Otro chupito. Hip.
Me preguntan por casa si estoy seguro de publicar esto. Por si la descendida se entera y pregunta: ¿No seré yo?
Ni siri yi, ni siri yi. Lo triste es que ni siquiera espero un enfado, una conversación incómoda, otra carta a vuelta de correo.
Las bibliotecas están llenas de escritos cobardes y tibios. Hay que despellejarse, exponer las vergüenzas, dar motivos a quien te lea para odiarte o querer follarte. No es bonito tener manía sin razón.
La amistad se diferencia del amor en dos puntos. El primero es el sexo. Aunque es relativo. Alguna que otra vez no sale del todo mal echar un polvo entre colegas. Raro, pero no imposible. El segundo punto es el poso y el relato que quedan tras el final.
Cuando el amor acaba, los escritores casi aplaudim…

