Mar de fondo (Especial cruzando el Atlántico)
Vol. 2: Somos aleaciones, chico, me dijo una vez una amante. Tenía razón.
Desde hace unos días llevamos rumbo oeste. 270º. Ya nos empujan los alisios. Vientos portantes, los llaman. No habrá que tocar demasiado las velas de aquí al Caribe. El barco gime —suponemos que de placer— por lo bien que navega.
Uno de los días se nos hizo largo. Las olas de cuatro metros por el través o la aleta son una putada. Más de una vez experimenté esa sensación de caída libre en el estómago. Nada extraño. Ya sabíamos que durante bastantes millas esa iba a ser nuestra rutina. Ni siquiera me desperté empalmado. Bastante tenía mi cuerpo con mantener el equilibro hasta en la cama.
La culpa de todo fue del mar de fondo. Allá arriba, en el Atlántico norte, debía de estar pegando fuerte. A nosotros solo nos llegaron las últimas consecuencias de todo lo que sucedió cerca de Groenlandia. Energía pura y dura. Más o menos nos visitaba una ola alta y larga cada ocho o nueve segundos. Tiempo de sobra para prepararte. Incluso de noche, cuando aún no ha salido la luna y todo es una niebla n…

