Lejos (Especial cruzando el Atlántico)
Vol. 4: Este es el día a día de los contadores de historias, parásitos de vidas ajenas, manipuladores de la realidad. Rara vez somos capaces de estar en un solo lugar.
Suena la versión acústica de Sam’s Town en mis auriculares. Quinta guardia. Hoy veré el amanecer. Solo uso uno de los pinganillos, el de la oreja derecha, para estar atento a los ruidos del barco. La canción de The Killers poco o nada tiene que ver con el mar, pero por alguna razón siempre la escucho mientras navego. Es una de esas muchas asociaciones absurdas que guardo en mi cabeza. Tan absurdo como que odie las atracciones de parque temático y esté metido aquí, dando tumbos mientras cruzo un océano.
El agua mece la nave, suave esta vez. Un viento razonable nos impulsa. No hay luna. Este cielo nocturno con estrellas que casi se dejan tocar se ha convertido en uno de los más espectaculares de mi vida. No hay nadie en muchos —quizá demasiados— kilómetros a la redonda. El único barco que hemos visto en una semana se llamaba Zim Sapphire, y era un portacontenedores enorme que viajaba desde Boston a Singapur. Vi sus luces de navegación por estribor y bajé al AIS para comprobar que era. Cl…

