Arrojad mis cenizas al bar
Y como dijo Quincas Berro Dágua: “que cada uno cuide de su entierro”.
Hace unos días empecé a tomar alprazolam. 0,25. Cosas de mi doctora. Prueba esto. Son casi Lacasitos. Un mes. O dos. Quizá tres. Ya me vas contando. Next.
La primera noche en la que fui a calzarme la pirula, mi mujer —poco dada a la ingesta de fármacos, alcoholes y ultraprocesados— confesó que estaba preocupada ante mi inminente nueva adicción. ¿Y si te sienta mal? ¿Y si te dan convulsiones? ¿Y si te peta la patata? ¿Y si me dejas viuda y a tu hijo huérfano? Me lío con un entrenador personal, eh, te juro que, como te mueras, me lío con uno de esos que caminan como si se hubieran bajado de un puto caballo o, peor aún, como si el caballo se los hubiera follado a ellos.
Es probable que Neptuniana, mucho más discreta e inteligente que yo, no fuera tan descriptiva. Pero hay que darle drama al relato. Satanás bajó a la Tierra para aportar movimiento a nuestra plana existencia.
Sin mentiras, palabrotas, frases pasadas de rosca y juntaletras, todo esto de respirar sería muy aburrido.
Puede que pa…

