A veces, un instante
Los instantes no se crean, solo se atraen, aunque nunca hay garantías. Suelen huir de la rutina. Entienden mejor un sí que un no. Jamás se repiten.
Una vez me besó una desconocida en un paso de peatones. Fue junto a confecciones Zorrilla, calle Toledo esquina con Concepción Jerónima. Yo andaba borracho y lamentándome por asuntos amorosos varios; aunque la puñalada más dolorosa de la noche había sido que el Five Guys de Plaza Mayor estuviera cerrado. Sí, lo entiendo, eran las cuatro de la mañana y las freidoras con las que fabrican las patatas cajun también necesitan descansar. Acepté resignado que tendría que apañarme con el McDonald’s de Plaza de la Cebada o caminar un poco más para llegar al minúsculo Papizza de Tirso.
En esas cavilaciones buceaba cuando me detuve ante la silueta roja de un semáforo. Al otro lado del paso de peatones estaba ella, fumando con esa elegancia que otorga que el mundo te importe tan poco como la ceniza que dejas caer desde tu cigarrillo al suelo. No la recuerdo guapa. Quizá lo era, pero fueron matices más sutiles los que quedaron grabados en mi cabeza.
Nos miramos fijamente durante todo el proceso. Poc…

